«El objetivo final de la educación no son las notas, los títulos ni las clasificaciones», declaró el secretario general y presidente del Estado, Tô Lâm, el 25 de agosto, al tiempo que exigió poner freno a la obsesión por los resultados y al fraude en el ámbito académico y en los exámenes. Una exigencia muy acertada, ya que una educación que solo se obsesiona con las cifras bonitas no es más que maquillar una enfermedad. Pero la pregunta más difícil es: ¿por qué la obsesión por los resultados ha perdurado tanto tiempo y aún hoy sigue siendo necesario «corregirla»?

El contexto resulta aún más llamativo tras el incidente ocurrido en el Instituto Especializado de Tuyên Quang durante el examen de bachillerato de 2026, en el que, según la información facilitada, más de 30 personas fueron imputadas. Todos los alumnos tuvieron que volver a presentarse al examen, y los resultados llamaron la atención de la opinión pública: de los 326 alumnos, ninguno obtuvo un 10 en Matemáticas, mientras que en el examen anterior se dice que hubo hasta 147 notas de 10. Esa diferencia hace que sea difícil no plantearse la siguiente pregunta: si los resultados se habían alabado tanto, ¿quién generó la presión de obtener tantas notas altas? Que los alumnos hagan trampa es una cosa; pero cuando todo un sistema compite por los resultados, la responsabilidad no puede recaer únicamente sobre los alumnos.
La educación necesita alumnos que sepan pensar, que sepan cuestionar y que sean sinceros, y no tablas de resultados relucientes para colgar en la pared. Si se quiere combatir la obsesión por los resultados, no se puede empezar solo en la sala de exámenes; hay que analizar el sistema de evaluación, la presión de los objetivos y la forma en que se premian los resultados. Un sistema educativo sano no es aquel en el que hay más notas de 10, sino aquel en el que no hace falta hacer trampa para demostrar que uno es bueno. Así pues, la pregunta final es: ¿quién calificará esta «corrección de la obsesión por los resultados» —y, esta vez, habrá alguien que se atreva a calificar con sinceridad?










